El lenguaguaje como generador de conflictos

 

http://miguelgonzalezg.blogspot.es/img/guerrereroterracota.gifGuerreros de Terracota. Múseo Nacional. Bogotá 2006.                                                                    

 

 

The language like maker of conflicts

 

Resumen

Abstract

 

En el presente documento se aborda una discusión sobre el lenguaje, sus lógicas y maneras que los humanos adoptan en su proceso comunicativo que pueden generar conflictos.

 

La discusión central pone en cuestión el papel del lenguaje y su responsabilidad en el nacimiento de los conflictos.

 

Para ello se retoman conceptos de la filosofía analítica y posturas de algunos pensadores que han tenido su preocupación por el lenguaje y sus movimientos.

 

Finalmente, se esbozan argumentos que sugieren que el lenguaje es el principal generador de conflictos, puesto que muchas situaciones del devenir humano son creaciones lingüísticas que se apartan de la realidad, como si con el lenguaje se inventase un mundo paralelo que en el más de los casos desencadena conflictos

 

In the present document there is un approached on a discussion about language, its logics and ways that the humans adopt in their communicative process which they can generate conflicts.

 

The central discussion puts in query the paper of the language and its responsibility in the birth of the conflicts.

 

For it are retaken concepts of the analytical philosophy and positions of some thinkers who have had their preoccupation by the language and movements.

 

Finally, arguments are outlined that suggest the language is the main generator of conflicts, since many situations of human happening are linguistic creations that separate from the reality, as if with the language invented a parallel world that in more of the cases triggers conflicts.

Palabras clave

Lenguaje, conflicto, sentido, significado, filoso­fía, entendimiento, pensamiento.

Key words

Language, conflict, sense, meaning, philosophy, understanding, thought.

 

La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, el blanco y negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe". Roland Barthes

 

Tanto Barthes como Derrida coinciden en que la escritura es una suerte de traición, un abandono del individuo, un dejar de ser auténtico, pese a que en ella misma se busca la identidad para lo cual se requiere un dejar de ser lo que es para convertirse en otro que es el texto escrito. Si esto sucede con esta forma, en apariencia, elevada de comunicarnos ¿Qué podemos esperar de las más antiguas, menos reflexivas, como el habla y los gestos?

El lenguaje es sin lugar a dudas el mecanismo o el instrumento, quizás el único conocido, para la comunicación entre los seres vivientes, en el caso particular que le corresponde al hombre, ese lenguaje es hablado —entiéndase, cualquier sonido—, escrito —analícese todo símbolo, semiótica—, o gestual   —piénsese en todo movimiento—, con cualquiera de estas tres formas se hace presente ante el otro. La filosofía analítica, movimiento surgido en el siglo XX, que se ha adentrado en este campo, nos indica que el objeto de su actividad es resolver los problemas filosóficos, los cuales, afirma, se originan en la confusión lingüística.

Lo complejo es que no siempre se dispone de tiempo o siquiera de ánimos para adelantar ese análisis y, por supuesto, no todas las personas poseen intereses en comprender la filosofía analítica para enfrentarse con mayores argumentos a las diversas significaciones que se presentan en una conversación normal.

 Una de las preocupaciones del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951), fue lo relacionado con el uso del lenguaje. Argumentó que la función de la filosofía sería, desde este punto de vista, la de indicar lo que no puede ser dicho, presentándonos exclusivamente lo que puede decirse. Visto así, se reduciría a ser una especie de panacea o un camino a dogma, ya que describiría lo que es digno de expresarse y desecharía lo demás, esto sin saberse con alguna exactitud que es lo por abandonar. Aunque es claro que se refiere a la significación del lenguaje y, ante todo, sobre expresiones del orden metafísico, también es cierto que en el libro Tractatus lógico-philosphicus, describe que si las proposiciones genuinas dicen solamente cómo son las cosas. Ello no indica que podamos saber cómo han de ser las cosas, es decir, no expresan necesidad en el mundo, y por lo tanto ni siquiera sabremos si las estrellas brillarán mañana. Nadie puede someter los acontecimientos del mundo a su voluntad, frente a ello hay una impotencia, un límite infranqueable. Expone Wittgenstein la pertinencia de buscar las  estructuras ocultas del lenguaje y las formas de vida insertadas en él. La filosofía debe convertirse entonces en una batalla contra el hechizo de nuestra inteligencia por el lenguaje. “Lo que existe en el mundo no es bueno ni malo, las proposiciones de valor sólo existen en el sujeto, y este es trascendental”.

Lo anterior nos muestra que si en filosofía no hemos podido resolver una serie de interrogantes del orden físico y metafísico, mucho menos hemos avanzado lo suficiente en el esfuerzo por solucionar los conflictos que de manera continua se generan en los seres humanos por el uso del lenguaje. Pues esa carga de transitar con significados y su interpretación —digamos herme­néu­tica—, es lo que puede propiciar conflictos que, en algunos casos, no se alcanzan a resolver por no existir en el mismo lenguaje los elementos apropiados para salir de tales aprietos, en otras palabras por el lenguaje —bien sea hablado, escrito o gestual—, se generan una serie de conflictos, pero éste en su dinámica interna no ha encontrado los mecanismos para solucionar esos impases. Aunque no falta quien asevere que el problema es educativo o el que siendo más osado se atreva a indicar que eso pertenece al instinto humano, que eso es connatural a los hombres el vivir en conflictos: de lo cual, alguna vez, nos previno Estanislao Zuleta al advertir sobre el cuidado de no introducir como recurso explicativo, la noción del instinto, pues en ese orden de ideas nos salvaríamos o condenaríamos aduciendo que como eso se gesta por instinto, entonces no hay controles posibles.

Si el lenguaje está en la superficie como índica Deleuze, las alturas la dan los poetas-filósofos-teológos y la profundidad los científicos, entonces la superficie es manejada por el hombre común, y como hemos visto en los tres casos, los equívocos son permanentes, donde surgen conflictos irreconciliables que, en gran parte, son de orden literario-metafísico. 

Desde la hermenéutica se encuentran tantos sentidos como cada interprete quiera. El conocimiento hermenéutico, explica el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer (1900-2002), se manifiesta en la lengua, el habla o las situaciones de habla, las cuales, si se pretende una comunicación eficaz, deben estar ajustadas al horizonte de los hablantes: esto forma parte de cada auténtica comunicación, que se entra en el otro. El conocimiento está ligado a la lengua; el hombre es, ante todo, un ser comprensible a través del lenguaje. También en Verdad y método, Gadamer declara que querer evitar los conceptos propios en la interpretación, no sólo es imposible sino que es un absurdo evidente. Interpretar consiste en poner en juego los propios preconceptos, con lo que la intención del texto se hace evidente para nosotros a través de la lengua. Y si esto sucede desde el abordaje de textos que podríamos esperar de la palabra que casi nunca logra tener el suficiente tiempo para medir los alcances de alguna expresión.

Es innegable la riqueza del habla que puede ir en todos los sentidos. Esa formidable manera de crear expresiones, de idearse significados, no siempre conlleva a la tranquilidad humana, puesto que ese ingenio puede aguzar el conflicto, el asunto es casi primario, cuando una discusión se complica, se aconseja guardar silencio, no continuar con el encadenamiento de expresiones para evadir la trampa del lenguaje que conllevaría a un riesgo de violencia.

Alguien de una manera inteligible aseveró: “Como la guerra está en la imaginación de los hombres, es ellos a quienes corresponde solucionarla”, igual podríamos decir de los diversos conflictos que se suscitan en el hombre, que no siempre acaban en guerras masivas, pero si desencadena graves lesiones a la dignidad o conduce al aniquilamiento de vidas en forma selectiva; conflictos nacidos del uso inapropiado del lenguaje, o quizás de una interpretación indebida, o tal vez por sobrevalorar las expresiones y cargarlas de significado de cuño belicistas.

Si el lenguaje es un auspiciador del conflicto,  es a éste y a nadie más al que le corresponde ir en andas por una solución, para permitir a los hombres que se comuniquen de manera racional y entregar las formulas para sustraerse de los conflictos. Aquí nace, por así decirlo una nueva posibilidad de enfrentar el conflicto, y es el de exigirle al lenguaje que, en su dinámica interna, haga su trabajo de tensionar y distensionar, una solicitud de la cual Platón estaría orgulloso. Propuesta que de por sí luce falaz y utópica.

Los griegos, maestros en tantas cosas, perfilaron el problema, que aún sigue siendo objeto de análisis, tal cual ocurrió en los diálogos de Platón, veamos una de las tantas miradas al tema: “Desde el Crátilo de Platón y los escritos lógicos de Aristóteles el lenguaje se considera como sistema convencional de signos; la palabra es referida al concepto, el lenguaje es la esencia de las cosas; el lenguaje pertenece al mundo mutable y huidizo. Esta concepción del lenguaje continúa en toda la filosofía occidental, concepción en la que ocupa el primer plano la función objetiva de significación, pero en la cual no se considera la totalidad viva del acontecer del lenguaje en su función creadora y reveladora de sentido[1]”.

No es tan seguro que los problemas surjan del lenguaje, pero tampoco hay otra forma de desmentirlo, puesto que solucionados los aspectos de supervivencia los conflictos que más se conocen en los seres humanos son los idiomáticos, el de si la teoría dice esto, si la práctica es aquello, de si la verdad es mía y la mentira aquella, son asuntos de orden lingüístico que aún no hemos logrado resolver ni con letras ni números, es como si nos faltase imaginación para salir de estas encrucijadas que terminan siendo ideológicas con nefastas consecuencias.

Los hombres como seres comunicantes y comunicables padecen las expresiones discriminatorias, segregacionistas o exclusivistas, pero allí es donde debería entrar la teoría hilvanada por la filosofía analítica o por los lingüistas, para que el mismo lenguaje encuentre los paliativos a todas estas formas de reducción.

En la obra Semiología y lingüística general de Sabin y Urrutia, describe que la función primordial del lenguaje, enunciada de forma genérica, es la de ser instrumento de comunicación. Toda comunicación realizada con el lenguaje natural humano se caracteriza por el contenido del mensaje, por la estructuración de dicho mensaje y por la relación que guardan estos elementos con el emisor y el receptor. Se evidencia que el contenido del mensaje es lo que determina la reacción. Es de sumo valor que se interprete el mensaje, pero que a su vez el lenguaje sea tan claro que reduzca los conflictos.

Lo cierto es que los textos, antes explorados, no entregan formulas lingüísticas para reducir los riesgos de conflictos en la comunicación, toda la responsabilidad queda en la psiquis de los emisores y receptores, es decir, en últimas el problema es de los usuarios y no de los elementos.

Queda abierta una revisión más intrínseca y cuestionadora al lenguaje mismo, que a los comportamientos humanos, puesto que los hombres estamos condenados a usarlo, arrojados a ese abismo de infamia. Confirmando de alguna manera lo expuesto por el filósofo alemán Martín Heidegger (1899–1976), fundador de la fenomenología, quien asegura que todo es mediado por el lenguaje, lo que hace determinar un mundo lingüísticamente abierto, interpretado, influido. En el lenguaje nacemos, pasamos y pensamos. “Es la morada del ser”.

La mirada opcional es de cuestionar al lenguaje en su propia dinámica hasta encontrar la forma, ideal por supuesto, de mejorar la comunicación y distender el proceso interactivo que, como se sabe, va cargado de significado y limitado o ampliado, más que por la teoría, por la emotividad. Muchas situaciones del devenir humano son creaciones lingüísticas que se apartan de una deseable realidad que en sí es caótica, violenta, absurda y huidiza, como si con el lenguaje se profundizaran estas paradojas, llegando a inventase un mundo paralelo que en el más de los casos desencadena o profundiza los conflictos.

Bien podemos observar el siguiente encodillado, el cual destaca: “La verdad del lenguaje que hablan los hombres es la verdad de un camino que se bifurca y multiplica en mil mentes, en mil aspectos. Un logos que discurre por infinitos derroteros de palabras, y que crece, a través de ellas, en su discurrir[2]”. Al igual, po­dríamos preguntar por las mentiras del lenguaje, sus ocultaciones o supuestas claridades. Como notamos sigue dejando el camino abierto sobre la discusión en ciernes. Ese lenguaje que nos libera o que nos acoyunda es el principal generador de los conflictos. Y sería a éste y a nadie más al que le corresponde encontrar la solución, obvio, en su dialéctica interna, que como es sabido el lenguaje no la posee. Razón por la cual seguimos trasladando el interrogante al hablante, al que usa y abusa del mismo.

En la escritura dejamos de ser nosotros, perdemos la identidad, en el habla, a veces, nos volvemos torpes y agresivos, en los gestos nos deben interpretar, entonces ¿qué nos queda del lenguaje para ser expeditos en la comunicación?, quizás todo o nada, ello depende de la plasticidad que adoptemos para estudiarla. ¿Será el lenguaje amor a la sociedad o temor a la soledad?, en cualquiera de los casos no parece claro, puesto que si fuese amor no se llegaría a los conflictos tan devastadores y si es temor a la soledad, algo nos puede ayudar para comprender el porque nos sucede lo que nos sucede.

La política perfecta, la paz irenea, la justicia universal, la energía cósmica, las religiones y sus dioses, la política con sus promesas, el amor con sus elongaciones músico-poéticas han sido construcciones lingüísticas que no aclaran lo suficiente, antes por el contrario enturbian y oscurecen. En una mirada cercana, la mayoría de conflictos son de interpretación lingüística, viven en la metafísica de las palabras, pero los hombres las tornan en absolutas verdades para despachar, en el más de los casos, sus peores recursos para dominar y someter, profundizando así el dilema. En ese sentido el lenguaje está en deuda.

 

El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad. Arthur Schopenhauer

 

BIBLIOGRAFIA

 

§  Gadamer, Hans-Georg. (1990): Verdad y método. Barcelona España, Ediciones península.

§  Valencia, García Jaime. (1999): Hermenéutica. (primera edición). Bogotá, Editorial Universidad Santo Tomás.

§  Lledo, Emilio. (1974): Filosofía y lenguaje. Barcelona, Ariel.

§  Wittgenstein, Ludwig (2003): Tractatus logico-philosophicus. Madrid, Tecnos.

§  Platón. (1986): Diálogos. Barcelona, Editorial montaña mágica.

 

http://miguelgonzalezg.blogspot.es/img/transferencia.gif Así habló la soledad. Edwin Guerreros Díaz

[1] Valencia, García Jaime. (1999). HERMENEÚTICA. (Primera edición). Bogotá, USTA.  Pág. 23

[2] Lledo, Emilio. (1974): Filosofía y lenguaje. Barcelona, Ariel. Pág. 20

Validez universal de un lenguaje

http://miguelgonzalezg.blogspot.es/img/espiritusmabu.jpg Espíritus sulfurosos. Mario Bustamante

 

 

Resumen

Abstract

Es evidente que al ser humano le agradan los sistemas que logren explicarlo todo, se deja llevar por las ideas de unificación, le parece que los demás deben pensar de manera similar, que los comportamientos éticos, políticos, jurídicos y económicos sean los mismos, para ello le acorrala la idea de un lenguaje expandido, aceptado y hablado por todos. La contabilidad, sin haber tenido claro ello, ha llegado a un lenguaje universalizado, el modelo viene siendo practicado con mayor rigor en las sociedades modernas. Aquí se pone en tela de juicio la validez de esos códigos y los efectos nocivos que produce al hombre, puesto que la contaduría sigue siendo un instrumento válido del capitalismo. Esto muestra la insistencia de poner a los humanos a marchar en una sola fila, acorde a los intereses económicos, religiosos o políticos del momento. Lo cual es nefasto visto desde cualquier punto de vista.

It is evident that the human being likes the systems that manage to explain everything, it gets carried away by the unification ideas, it seems that the others must think of similar way, than ethical, political, juridical and economic behaviours be the same for all, for it corners the idea of a language expanded, accepted and spoken by all. The accounting, without to have known clearly it, has arrived at un universalized language, the model comes being practiced with greater rigor in the modern societies. Here one puts in cloth of judgment the validity of those codes and effects that produce to the man, since the accountant's office continues being an instrument valid of capitalism. This shows the insistence to put the humans to march in a single row, in agreement to the economic, religious or political interests of the moment. This is ominous from any point of view.

Palabras clave

Bienes, capitalismo, contabilidad, contador, lenguaje, universal, útil, validez.

Key words

Goods, capitalism, accounting, accountant, language, universal, useful, validity.

 Yo digo ¿no?, esta mano que escribe mil doscientos
y transporte y Enero y saldo en caja … que suma cifras de otros
cheques de otros que verdaderamente pertenece a otros
yo digo ¿no? esta mano ¿qué carajo  tiene que ver conmigo?
Benedetti

 Esa mano que refiere Benedetti es la extremidad que se desvanece en la hipócrita e in-fame instrumentalización, donde la pérdida del rol de persona que sujetada a un lenguaje de algoritmos, reta en negativo la condición de sapiens que detentamos, aunque, por la radicalidad de los acontecimientos, sino emprendemos acciones contundentes, para siempre lamentaremos ese dudoso privilegio de ser pensantes.

La universalidad de cualquier lenguaje, así sea el amoroso o el de la guerra, despliega una pretensión reduccionista-uniformadora, pero que por agilidad, en esta era del sin tiempo, se intuye necesaria en una simbolizada globalización que desterritorializa y despersonaliza. Si bien, es de reconocer que nada se agota en el absurdo, de no sabemos dónde ni cuándo se le ocurrió a la contabilidad hablar y actuar en nombre de la sociedad, lo cual es bastante exagerar. Así las cosas, mantener lenguajes universales para controlar flujos o recursos, pone en escena una especie de esperanto contable, que poco favorece a la riqueza humana, en esta movilidad de antinomias, aunque otros más fachendosos dirían: sino entrevemos el campo de ruinas, estaremos de vuelta a las momias.

El abrir la discusión sobre idiomas universales es situar a la contabilidad en el centro de la dis-puta. En esta anunciada levedad del ser, es premisa colocarse-en-apertura frente a la carencia de sentido y rebelarse contra renovados espartanos, puesto que sale al encuentro de los contadores la idea nefasta de integridad. Se sabe que tratar de leer los intereses colectivos es una aventura sociocultural que implica dar miradas que rebasan o agrietan las lógicas del momento, entendiéndose que “un hecho contable es ante todo un hecho social[1]”, suceso que es lingüístico-constatativo, que como se sabe o es verdadero o falso, concepto que ha sido abordado por la filosofía analítica.

Es tentador examinar qué tan social es el trabajo contable, sabiéndose que, la versión grosera, indica que su función clásica es la de proteger los bienes. ¿Quién es el beneficiado?, la respuesta va siendo mito: aquel que puede atesorar patrimonios. De allí, que una inclinación social con apariencia de universalidad no siempre integra a las mayorías, pero si puede beneficiar a  las minorías privilegiadas quienes, sin pedírselo ni ser requisito, hablan en nombre de la humanidad.

El asumir la pregunta ¿validez universal del lenguaje contable? Es incursionar por la autonomía del contador y un sugerirle que busque nuevos aromas contables, en un revelarse-en-lo-abierto, para no incurrir en ligerezas de creer que todo está designado y desistir en hallar alternativas. Esta demanda fortalecería otras acciones lingüísticas que ampliaría el espectro del reino contable, puesto que una de las bondades humanas es la pluralidad de lenguajes, los cuales desencadenan simultaneidad de conceptos y modos de enfrentar la vida que, en definitiva, ensanchan el ad-venir cultural.

 

Nada es completamente cierto, ni definitivamente falso

 

La anterior perogrullada no ha sido superada del todo, se habla y escribe del tema, pero no siempre se comprende en su extensión ni en su práctica. Bien es sabido que las inflexibilidades son fuente de ingenuidades y crisol de arbitrariedades, lujo que nadie debería darse. Ni siquiera los lenguajes. Un lenguaje se considera universal, entre otros, por la cantidad de usuarios, la claridad de los conceptos, el uso intensivo y extensivo del mismo, la rigidez de la estructura sintáctica, semántica y morfológica,  la existencia de un sistema de reglas, acompañado de una fonética y semiótica definida, además conserva unas congregaciones, academias o logias que están al tanto de su pasado, presente y futuro para no dejarlo desaparecer con las avalanchas socioculturales.

En términos lingüísticos, la contabilidad es la técnica, otros dirán la ciencia, que se ocupa de registrar, clasificar y resumir las operaciones de un negocio con el fin de interpretar sus resultados.  En la práctica se apunta que la contabilidad es el lenguaje de los negocios, el mundo de las mercancías, la rama que, después de los políticos, mejor ha entendido al hombre como medio, en un número que se mide por entradas-producciones-salidas. Esa es una realidad de las pulsiones contables.

¿Un lenguaje de estos precisa ser depurado, des-universalizado? Pregunta que se resolverá con no poca dificultad. Labor que deben emprender los contadores en un surgir-abriendo-desde-sí, puesto que en ellos estaría la llave del sistema.  ¿Para qué se hace contabilidad?, para controlar los flujos. ¿Para quién?, para el tenedor, el acumulador. Interrogantes que cualquier contador juramentado o no, titulado en la universidad o agenciado en la calle debe hacerse, en un permanecer en latencia, en elástica sospecha frente al quehacer de su espacio vital.

Los dominios de la contabilidad son fabulosos, supera a los más avezados monarcas de todas las épocas. Es tan antigua como los ladrones o apasionante como el sexo, tan vieja de practicarse como la religión, quizás más. Surge el lenguaje, territorio de articulación, y a no poca distancia se festejan las primeras acciones contables, rudimentarias ellas como esa primer palabra. Sin duda, aparece como resultado de la conformación de grupos sociales, de la acumulación de bienes ¾tenencia, propiedad privada¾, del intercambio de elementos ¾trueque¾, del medir o contar el tiempo ¾calendario lunar¾, pero por sobre todo fue una respuesta a la expansión comercial, en resumen, un auténtico engendro para el capitalismo. En los últimos siglos se tecnificó en sus métodos para controlar a su antojo, para dominar, distribuir capitales y organizar lo que no parece hecho para los humanos corrientes que muerden el aire: las riquezas. Asunto donde vuelve a flaquear la justicia universal.

La potencia del lenguaje consiste en poderse criticar a sí mismo, en tomar una distancia irónica sobre sí mismo, explica el pensador Estanislao Zuleta, en concordancia con él, se le debería exigir a la contabilidad, a través de los contadores, aprender a fiscalizar su arte y cultivarse en tomar distancia de sí, querer-alejarse-de-sí para que descubra lo que otros ven. La contabilidad como oficio está arrojada a cuidar los patrimonios, en una ceguera lingüística-contable, que no le permite revisar sus dinámicas internas, porque los pensadores, haciendo gala de la frecuente condición humana de evadir responsabilidades, no enfrentan el tema con el arresto necesario.

La contabilidad ofrece una interpretación aproximada, subjetiva y simbólica de la situación económica, así muchos contadores pretendan decir que los informes contables son objetivos, la realidad, ladina como el que más, manda otra razón. Diría entonces que para abordar sin escozor tales críticas hay que pensar habitando el vacío, abortando la llenura.

Ya ni se hablaría de validez e integridad del lenguaje contable, más bien se entendería como dominación, imposición o violación de la posibilidad de razonar, de elucubrar, no es que los contadores no piensen ¾a veces se duda hasta de eso¾, la empantanada verdad es que su base es el número y éste es categórico, así lo quiso el hombre, así le gusta, que le vamos a hacer. Para ello el pensamiento débil propuesto por Vattimo es una iniciativa para mirar o minar el problema de la universalidad de un lenguaje, este filósofo italiano nos dice que en la filosofía, pensamiento débil significa refutar el positivismo, el cientismo. Ese positivismo contable, ese sometimiento del hombre a tales lógicas debe ser debilitado para encontrar otras alternancias, opciones desemejantes que no apunten a un código único que en definitiva depriva-desanima-reprime. Debe haber opciones emergentes a la partida doble, al juego de entradas y salidas, que también pueden dar cuenta de los flujos, ahora, no se exploran con suficiente seriedad por que no siempre estamos de ánimo para enfrentar la dictadura simbólica que ese lenguaje trae consigo.

Este lenguaje técnico contable y cicatero se ha alejado de la expresividad que caracteriza a la comunicación verbal de las ciencias sociales, reduciendo su labor a ser útil para la empresa.  Para la contabilidad es importante lo que es útil. Lo inútil no es tema de contadores, eso se les deja a los filósofos, escritores, artistas y pájaros de esa especie que, por cierto, podrían ser arrojados a la hoguera con unos cuantos embrujados contadores.

A veces, esa jerga se hace ilegible aunque Zuleta nos expone que ilegible es todo lenguaje que no sea lenguaje de nuestro problema. Por lo cual si nuestro ámbito no es problematizado el lenguaje duerme, se anquilosa, tal cual le sucede a los códigos, a las lógicas de los paisajes contables que, por supuesto, no son las únicas que ha emprendido el espléndido animal, un animal fijado-hasta-la-desmesura.

“Las representaciones simbólicas más generales de la contabilidad, descansan sobre un ethos profundamente utilitarista y liberal que genera superestructuras que cumplen roles de regulación social y que reproducen el statu quo, a favor de unos intereses particulares[2]”, el encomillado adquiere una validez histórica puesto que se encuentra en la contabilidad un lenguaje de sometimiento, que no permite la renovación, su sólida estructura no para en mientes en cuanto a motivaciones particulares. Es como si el manejo de recursos diera franquicia para rebasar los linderos éticos. Zuleta cita a Dostoyevsky cuando el escritor ruso aduce que “esta fórmula señores de dos más dos igual cuatro, no es la vida sino el comienzo de la muerte[3]”, ahora arriesgo una pregunta, ¿existirá aquí algún mensaje para la contabilidad? Sería admirable no hacernos los sordos. ¿Qué pasa si desaparece la contabilidad? quizás aleguen los expertos, al estilo de los gurúes informáticos o al tenor de los infatuados militares, que se paraliza el mundo. Mostrando que por meritoria que sea una respuesta no implica ser una solución.

Sin querer reemplazar a los historiadores y a gusto del consumidor, los principales responsables de la globalización fueron los marineros al lado de los militares con sus contadores de cadáveres y protectores de fortunas saqueadas, después los políticos y, por último, los sacristanes por no hablar de los curas.  ¿Cuál será la validez del lenguaje contable? Toda una dictadura sin cortapisas, sus sistemas andan por doquier, desde la multinacional más atosigante hasta la tienda más aberrante recurre a la contaduría. La ecuación raya en lo sencillo. La contabilidad es la religión de los economistas, puesto que su dios es el dinero, que es el otro opio de la sociedad. Ni más faltara que no.

Así las cosas para quienes pretendían imponer un solo idioma, un lenguaje único ¾los sueños del esperanto y de otros tantos insoportables idealistas¾, se quedaron cortos frente al lenguaje contable, desde allí tendríamos mucho por aprender en la tarea de uniformar, dominar y cercenar. Si lo más fácil para el cerebro es olvidar los actos alegres para retener los dolorosos, entonces, al amparo de esa premisa ¿en que punto del cerebro queda la contabilidad?

Si el poder está en todas partes como afirma Foucault, ¿dónde deambula el no poder de la contabilidad?, resolverlo es una molestia para la época, tocaría viajar a otro presente distinto para encontrarlo y debilitar el poder del lenguaje contable. En una demanda de sentido es necesario reflexionar sobre la contabilidad, el esperanto, y todo aquello que hable de centralismos. Gracias al trueque de lenguas, al galimatías lingüístico no se han logrado destruir todos los acervos culturales. Hay que estar alerta con la contabilidad, el establecimiento de un idioma universal y todo lo que implique unificación-reducción-destrucción. No se trata de liberación en el sentido que el mercado acepta, ello exige una autocolocación, un posicionamiento, lo cual es posterior a la deconstrucción al estilo de Derrida y a la debilitación del sistema imperante en un apartar-la-mirada-de-sí.

 

 Conclusión

 La fortaleza del modelo contable está en que la forma de registrar los movimientos es metódica, acertada y congruente, sustentada en la constante numérica, en la sencillez de los procesos, en el equilibrio que moviliza, en la seriedad que tiene para procesar información y en la cobardía humana de explorar caminos disímiles. Sustraerse a la lógica de esos patrones es casi irresponsable, pero eso no indica que no se puedan explorar otras propuestas que desborden la dictadura numérica.

Aunque suene a modo de excusa, la pretensión no ha sido la de ofender la profesión de contador, hay muchos de ellos interesados en abordar el tema, que obran centrados en serias reflexiones, quienes se apoyan en teorías de avanzada, si es que las hay, para debatir ese mundo el cual ponen en cuestión. Lo que se quiere es llamar la tención sobre el peligro de universalizar lenguajes que terminan doblegando y encadenando al hombre, despojándolo-de-sí.

Si un problema es una sospecha y una esperanza en palabras de Zuleta,  por fortuna, anunciamos el problema de la  ¿validez universal del lenguaje contable?, ahora, nos toca desenmascarar a ese monstruo para rondar la esperanza y desbordar ese lenguaje universal, unificador y utilitarista que hoy mantiene. Así se hable de contabilidad ambiental, cuyo interés es el  reconocimiento y revelación de los efectos medioambientales negativos en la práctica contable convencional, no se percibe un cambio en sus fines aunque si en sus medios. Se sabe que en el problema mismo está la solución, viaja encapsulada, resignada a su suerte, el reto es encontrarla y deshilvanar su carácter vinculante.

En lo que al presente denominaríamos fragmentación estaría una de los códices para no aniquilar la pluralidad de sentidos, es probable que la metáfora, el mito, el arte, la alegoría, la ética y la misma hipérbole puedan entregarnos luces en una exploración y de-velación que nos ayude a sacar-de-sí el modelo universalista, hoy practicado por los sistemas contables, en cabeza de los, hay sí, irreemplazables contadores. Aunque se sabe que la contabilidad es algo más que registros financieros, en el ámbito académico eso no está claro ni logra con-vencer a los escépticos.

Tenemos que pensar de un modo más lúcido, aprehensible y manejable. No es suficiente con cambiar lo existente, hay que atreverse a modificar-el-territorio y a dislocar el mapa mental. En tales circunstancias, se esperaría que un día de estos, quizás otro sueño irreconciliable, y en contravía al poema de Benedetti, algún contador espabilado o des-centrado, des-cubra la solución y manifieste: esta mano tiene todo que ver conmigo, aún me pertenece. Entonces, se deducirá que ha protestado contra el lenguaje universal y maniqueo de la contabilidad, la desenmascaró y ha empezado a resquebrajar los reduccionismos, las unificaciones y las ínfulas de universalidad, aunque eso, bajo ningún precepto, indica que el problema esté resuelto

                                                                                                                         La verdad se rodea de mentiras.

 http://miguelgonzalezg.blogspot.es/img/pinturacesaralzate.jpg Tranferencia de un sueño. Pintor. César Alzate González

[1] LOAIZA R., Fabiola. Signo y razón. Exploración semiótica de la partida doble. En: Revista Lúmina 06. Manizales: Universidad de Manizales, 2006. p. 63.

[2] GÓMEZ VILLEGAS, Mauricio. Contabilidad: comentarios sobre el discurso científico y los determinantes morales. XVII Congreso nacional de estudiantes de contaduría pública. Popayán: FENECOP-Universidad del Cauca. p 27.

[3] ZULETA, Estanislao. Elogio de la dificultad y otros ensayos. Cali: Fundación Estanislao Zuleta, 2001. p 168.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

§   BENEDETTI, Mario. El amor, las mujeres y la vida. Barcelona: Editorial planeta, 1999. 210 p.

§   CALVACHE GUERRERO, Augusto. Contabilidad General. Bogotá: Unisur, 1993. 560 p.

§   GÓMEZ VILLEGAS, Mauricio. Contabilidad: comentarios sobre el discurso científico y los determinantes morales. XVII Congreso nacional de estudiantes de contaduría pública. Popayán: FENECOP-Universidad del Cauca. 223 p.

§   PATIÑO ARANGO, Alejandro. Comunicación y actos de habla. Manizales: Universidad de Caldas, 2006. 160 p

§   LOAIZA ROBLES., Fabiola. Signo y razón. Exploración semiótica de la partida doble. En: Revista Lúmina 06. Manizales: Universidad de Manizales, 2006. 168 p.

§   VATTIMO, Gianni. El pensamiento débil. Ritual de la inteligencia compartida. Manizales: Universidad de Caldas, 2002. 242 p.

§   ZULETA, Estanislao. Elogio de la dificultad y otros ensayos. Cali: Fundación Estanislao Zuleta, 2001. 168 p.

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